Nutrición gástrica frente a nutrición intestinal en el niño crítico

C. Macías,C. S. Salinas,Y. Manso

Published 2006 in Medicina Intensiva

ABSTRACT

Las enfermedades agudas graves, la cirugía compleja y otras situaciones de estrés como el traumatismo grave, desencadenan en el niño una situación de hipermetabolismo con objeto de proporcionar los sustratos para defenderse contra la agresión, originando una depleción de las reservas de hidratos de carbono, grasas y proteínas, produciéndose, si no se aportan nutrientes, una malnutrición aguda así como alteraciones en el funcionalismo de diversos órganos y especialmente de la inmunidad, incrementándose los riesgos de infección, morbilidad y mortalidad. La atención de las necesidades nutritivas de los niños críticos constituye uno de los pilares fundamentales sobre los que se sustenta un abordaje terapéutico integral de estos pacientes, repercutiendo en la mejoría de la morbimortalidad. Habitualmente el niño crítico no puede alimentarse por vía oral, por lo que la administración de la nutrición debe ser intravenosa (nutrición parenteral) o bien a través de una sonda que puede colocarse en distintos tramos del tubo digestivo (nutrición enteral) por vía oronasal, habitualmente en el estómago o duodeno y excepcionalmente por medio de otras técnicas como gastrostomía percutánea o quirúrgica (gastrostomía o yeyunostomía). La alimentación parenteral fue durante bastantes años prácticamente el único método de nutrición del paciente crítico en la fase más aguda de la enfermedad, pues se pensaba que en esa situación estaban alteradas las funciones de digestión, absorción e incluso perfusión del intestino, lo que impediría tolerar adecuadamente la nutrición enteral. Sin embargo, el extraordinario avance en el diseño de los nutrientes y en el instrumental empleado para aportar la nutrición enteral ha permitido una mejor tolerancia y facilidad de aportes por esta vía. En los últimos años se han publicado múltiples estudios tanto en adultos como en niños críticos que han demostrado que la mayor parte de ellos pueden tolerar la nutrición enteral, y con bastante seguridad en cualquier edad pediátrica, tanto en los pacientes médicos críticos como en el postoperatorio inmediato de cirugía mayor. Entre las ventajas de la nutrición enteral sobre la parenteral se pueden citar las siguientes: es más fisiológica, manteniendo el eje intestino-hígado su papel regulador total sobre la nutrición y el metabolismo, tiene un efecto trófico sobre la mucosa intestinal evitando la atrofia de las vellosidades que se produce durante el ayuno, estimula el sistema inmune intestinal disminuyendo el sobrecrecimiento y la translocación bacteriana, tiene menor incidencia de complicaciones, es mas fácil de preparar y administrar y requiere menor vigilancia clínica. La vía de nutrición enteral más habitual en el paciente crítico pediátrico es la gástrica (NG), porque aporta la ventaja de que la sonda se coloca con facilidad, tiene un bajo coste, la nutrición se inicia con rapidez y se controla fácilmente. Sin embargo, en un importante número de niños críticos, especialmente los que están con sedoanalgesia y ventilación mecánica, la NG parece que se tolera peor y da más complicaciones, lo que conllevaría a la suspensión en muchos casos. Como alternativa a la NG se utiliza la nutrición intestinal (NI) postpilórica, por vía duodeno-yeyunal, que si bien su colocación es más complicada que la gástrica, con la práctica se logra sin dificultad Punto de vista

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